Los millenials, también conocidos como Generación Y, son la cohorte demográfica que siguió a la Generación X. Aunque son considerados de esta generación los nacidos a partir de 1984, la primera vez que se usó este término para aglutinar a sus individuos fue en 1993. Esta generación es considerada fundamentalmente digital, ha nacido en un período de transición digital que les ha llevado a ser nativos digitales y más consumidores de internet que de televisión. Son adictos a los smartphones y a las redes sociales, además de ser unos consumidores críticos y exigentes y por tanto volátiles y nada fieles a los productos y marcas cuando afecten a su bienestar. Valoran la participación y la colaboración, exigen nuevos valores como la transparencia, la sostenibilidad y la responsabilidad y el compromiso social.

En la película Barbarella (Roger Vadim, 1967), una hipersexualizada heroína interpretada por Jane Fonda hacía el amor en el espacio y en gravedad cero sin contacto sexual con su acompañante tomando una píldora. Lo que quizá fuese una premonición o una casualidad quizá también convirtió a Barbarella en la primera millenial. Y es que en el campo del sexo, quizá el gran logro de la generación millenial ha sido la normalización de la libertad sexual y en concreto de lo que se denomina follamigo o, eufemísticamente hablando, el amigovio, ese colega con quien se tiene un sexo sin complicaciones ni implicaciones sentimentales y que no tiene un cepillo de dientes en tu baño. Y, sin embargo, los millenials tienen menos sexo que la generación anterior, ¿por qué sucede esto?

Los estudios científicos

Según la investigadora Jean M. Twenga, profesora de psicología en la Universidad Estatal de San Diego, esto es debido a una maduración más tardía. Twenga, autora del fundamental estudio Archives o Sexual Behavoir y del libro Generation Me, afirma que parte de esta realidad está relacionada con la situación económica actual que obliga a muchos jóvenes a permanecer hasta más tarde en casa de sus padres, por tanto, afectando a sus relaciones. También considera que están demasiado ocupados para el sexo, lo que asocia al abuso de la tecnología y las redes sociales, de modo que aunque la tecnología y las apps de ligue ayudan a los millenials a encontrar rollos sexuales más fácilmente, puede también tener un efecto contrario y es que los jóvenes pasan tanto tiempo conectados online que interactúan menos en persona y, por tanto, no mantienen relaciones. Los millenials tendrán un promedio de ocho parejas por cabeza durante su vida, mientras que sus padres tuvieron entre 10 y 11.

El experto en liderazgo Simon Sinek considera que la actitud de los millenials está basada principalmente en malas estrategias de crianza que han influido en una menor autoestima con respecto a las generaciones previas. En la tecnología, reflejada en el acceso a las redes sociales y a su efecto adictivo en la necesidad de reconocimiento y de reputación online. Esto ha evitado que se profundicen las relaciones personales y la necesidad de recompensa instantánea, que se refleja en el uso de apps para el ligue como Tinder. Sinek aboga por crear las relaciones partiendo de las pequeñas cosas, hablar con nuestros semejantes con una constancia lenta creando mecanismos de interacción con otras personas físicamente cercanas y superando el espacio virtual. Para ello aboga por el compromiso de las empresas y por unos liderazgos responsables que ayuden a las nuevas generaciones a mejorar su vida.

La educación sexual

La educación sexual es todavía una asignatura pendiente en muchos colegios e institutos y, en el mejor de los casos, se reduce a charlas aisladas, una o dos veces durante el curso. Sin embargo, Twenga saca dos conclusiones importantes: la primera es que “es una buena noticia para la salud sexual y emocional que los jóvenes esperen a tener relaciones sexuales hasta que realmente estén preparados”. Pero, por otra parte, “si los jóvenes más adultos se olvidan del sexo pueden estar perdiéndose cosas importantes de una relación adulta romántica“.

Gracias a este modo de vivir la intimidad, deducimos que en el campo de la sexualidad son personas mucho más centradas en buscar su propio placer que en la complacencia, subrayable en el caso de las mujeres. Esto tiene su doble lectura, la positiva ya expuesta y que  en el contexto de seguridad individual y emocional no haya conexión externa y emocional, de allí que los follamigos y otras especies… estén a la orden del día. No los criticamos es un bien necesario…pero hay que cuestionarse, si es sano emocionalmente que a una generación le parezca más “cool” ser casual y no conectar con el otro,  que la intimidad y el ser vulnerables.

Las mujeres y chicas millenials están dispuestas a explorar sin avergonzarse de sus cuerpos. El número de chicas que declara ser capaz de alcanzar el orgasmo a solas o durante el encuentro, es mayor que en el pasado, pero ¡las que fingen orgasmos también son más ¡ La conciencia respecto a los riesgos de los embarazos no deseados y las enfermedades les dan, además, un nuevo control sobre su sexualidad. Por su lado, al no tener que convertirse en “máquinas sexuales”, los hombres de esta generación se estarían permitiendo ser más fieles a sus mundos emocionales y necesidades de conexión individual, lo que nos lleva nuevamente al punto de arriba: hay que cuestionarse, si es sano emocionalmente que a una generación le parezca más “cool” ser casual y no conectar emocionalmente con otros, que la intimidad y el ser vulnerables.

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